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3 de marzo de 2014

"Asimilé la cultura catalana por la injusta represión a la que fue sometida en el franquismo"

Eduardo Reyes atendiendo a la entrevista (FOTO: JAIME BLANCO)

Se ha convertido en una figura de moda en el actual contexto político y social que se vive en Cataluña. A Eduardo Reyes Pino (Córdoba, 25/03/1951) se le conoce por ser la cabeza visible de Súmate, una organización que pretende participar en el proceso catalán por el derecho a decidir desde una óptica muy particular: la defensa de la independencia desde el pensamiento, habla y obra en castellano. Reyes, un hombre con un sinfín de experiencias, está empezando a participar en la política más allá de votar en las elecciones y confiesa que es algo que le gusta. 


-¿Cuál es la historia de emigración de Eduardo Reyes?

-Yo soy el menor de una familia de ocho hermanos que tenía un taller mecánico en Córdoba. Allí faltaba trabajo tanto para el que tenía oficio como para el que no y mis padres no pudieron mantenerlo, así que cuando tenía nueve años emigramos todos. Al llegar estuvimos repartidos en casas de familiares. En mi caso fui con unos tíos y un hermano a una barraca de Can Tunis, donde estuve viviendo durante dos meses. Luego nos mudamos todos al barrio de Collblanc, en Hospitalet. Los hermanos mayores entraron a trabajar y los más pequeños íbamos a la escuela. Así transcurría nuestra nueva vida. 

-Una vez aquí, ¿sigue bajando a su lugar de nacimiento?

-Mis hermanos, como se trajeron después a sus novias, siguieron bajando porqué tenían familia ahí. Yo no volvía tanto porqué al venirme siendo tan pequeño no tenía tampoco nadie a quien visitar. Más que nada bajaba a recordar cosas. Con el tiempo he ido yendo cada vez menos porqué he echado raíces aquí. Mi mujer, mi hija y mis nietos son catalanes y todos mis sobrinos y sus hijos también lo son. Debo decir que yo me sigo sintiendo cordobés y he llevado a mi familia a ver el lugar donde nací, que les gusta mucho dicho sea. 

-Si a día de hoy lidera Súmate imagino que, durante su adaptación a Cataluña, asimila la cultura prácticamente desde el primer momento

-En mi época poco se sabía de la cultura catalana si no era a través de las personas mayores de entonces. Siempre se ha intentado borrar el mapa. Estaba prohibido hablar en catalán, bailar sardanas, no había lectura en esta lengua... Y antes, como era más rebelde, me rebelaba contra esto. 

-Es decir, usted la asimila porqué entiende que la represión es injusta

-Exacto. A mi mujer le llegaron a decir que hablara en la lengua del imperio y su abuelo me contó que lo metieron en la cárcel porqué le pillaron hablando catalán con dos amigos. ¿Pero esto que es? Y es aquí donde entiendes que Cataluña tiene una historia y una cultura propia. A día de hoy se hablan muchos idiomas en esta tierra, algo que es riqueza. Sin embargo, se ha ido en contra de esta riqueza y de la voluntad de crecer que siempre ha tenido.

-¿Cómo es su relación con el catalán?

-(Cambia de castellano a catalán). Yo hablo catalán y muchas veces me han dicho que lo hable más porqué lo hablo muy bien. Lo que pasa es que yo tengo que traducir del castellano al catalán, pero no tengo ningún problema en hablarlo. 

-¿Qué le queda de la cultura andaluza?

-Me encanta el flamenco y las rumbas. El duende que llevo dentro de mí me impedirá olvidarme de que soy español. También me gustan las sevillanas. Y canto, bailo...

-¿Cuándo empieza a tomar parte activa en la política?

-Hace seis meses. Antes no me metía mucho en estas cosas. Me dedicaba solamente a ejercer mi derecho a voto y punto.

Imagen del acto que Súmate llevó a cabo en el Centre Cívic de Trinitat Vella
de Barcelona (FOTO: JAIME BLANCO)


-¿No ha participado, por ejemplo, en los movimientos vecinales de finales de franquismo?

-Poco. Si veía una manifestación por mi barrio en la que se reclamaba algo justo, como un colegio, pues me unía para hacer piña. Recuerdo, eso sí, todo aquello. La gente se juntaba para reclamar un colegio, mejores servicios públicos o asfaltar las calles porqué aquello no era humano. Pero nunca he sido un ferviente sindicalista ni nada parecido. Siempre he mirado más por mi futuro y el de mi familia y no participaba demasiado en esto. 

-¿Qué importancia cree que ha tenido que un andaluz como José Montilla haya llegado a presidente de la Generalitat?

-Para mi Montilla es la muestra de que hay pluralidad e igualdad de oportunidades. Hemos demostrado que se puede llegar arriba sin mirar dónde has nacido. Sin embargo, es inimaginable que un catalán pueda llegar a ser presidente del gobierno por los continuos insultos recibidos. 

-A día de hoy está implicado en Súmate. ¿Por qué decide emprender este camino? 

-Porqué a partir de entender la cultura y la historia de Cataluña a través de las personas que la han vivido creo que no hay derecho que se vaya en contra. Tengo que defender los derechos de la tierra de mi casa, de mi familia, de mis amigos... Porqué nos afecta directamente a todos los que vivimos aquí y a nuestra forma de vida.

-Una defensa de Cataluña también en el plano económico, como podemos ver en este vídeo. 

-Si Cataluña paga unos impuestos es para adquirir unos servicios y si se los niegan hay algo raro. Por eso yo reclamo que todos los ciudadanos sean compensados en educación, sanidad, servicios sociales... Si no, nos están robando. Cataluña debe ser independiente para administrar sus recursos porqué puede hacerlo por sí sola. 

-¿Cómo acoge el independentismo tradicional la irrupción de su asociación?

-Pienso que bien. Antes de lanzarla fuimos al Parlament y a otros lugares a presentarnos y a buscar apoyo y entendieron que, aunque lo hacíamos de distinta manera, estábamos usando la misma jerga y queríamos lo mismo. 

-¿A favor de qué respuesta hará campaña Súmate en el referéndum del 9 de noviembre? 

-A favor del Sí-Sí. El Sí-No nos dejaría en el mismo lugar. Yo creo que ya no hay marcha atrás.

-¿Cuál sería su posición respecto a la lengua en una hipotética Cataluña independiente?

-Seamos sensatos: el idioma de Cataluña es el catalán y podría defender su oficialidad siempre y cuando se respete como se ha respetado el castellano. Pero yo creo que no hará falta llegar a esto porqué los catalanes no son tontos y son conscientes de que el segundo idioma más hablado en el mundo es el castellano. 

-Hace muchos años se decía que los catalanistas más furibundos eran los murcianos y después que eran los cordobeses. ¿Se considera usted un ejemplo de esto último?

-(Ríe) Los catalanistas más auténticos son aquellos que se hacen a vivir en Cataluña y ya está. 

18 de febrero de 2014

Tal y como cantó Antonio Alemania

¿Se es de dónde se nace o de dónde se vive? ¿Sé es según lo que se mama en casa? ¿Se puede elegir la pertenencia a una tierra libremente? A veces el mestizaje y la emigración plantea estas preguntas y, aunque parezca mentira, dan que pensar. En la anterior entrada hablamos de aquellos murcianos que poblaban la Torrassa de Hospitalet a principios del siglo XX. Llegaban como murcianos y poco tiempo después, ya sea por una adaptación llevada al extremo o para olvidar las miserias de su tierra natal, pasaban a ser catalanes de piedra picada (hablaban el idioma y se llegaban a identificar con opciones políticas catalanistas). Contrariamente, los hay que no se deciden, como el humorista Pepe Rubianes, nacido en Vilagarcía de Arousa pero criado en Barcelona: "Yo soy galaicocatalán. Galaico porqué nací en Galicia aunqué casi nunca he vivido allí y catalán porqué siempre he vivido en Cataluña aunque no he nacido aquí". Para la parcela que nos ocupa en este trabajo el cantaor Antonio Alemania muestra esta indecisión identitaria con su canción Dos idiomas, dos banderas: 


El caso de Antonio Alemania no es único en su especie. Se trata del eterno debate al que muchos hijos de andaluces, como yo, nos enfrentamos cuando se nos pregunta (a veces, todo sea dicho, con mala leche). Y en estas se encuentra Andrés Muela, el protagonista de la entrada que nos ocupa aquí mismo. Esta es la historia de alguien que, como Pepe Rubianes, es de su tierra de nacimiento y de adopción a la vez y  que, como Antonio Alemania, no tiene muy claro a dónde pertenece. 

Andrés Muela (FOTO: CEDIDA POR ÉL MISMO)

PARTE DE LA MAYOR OLEADA

Andrés nació en febrero de 1963 en Larva, un pueblo de la comarca jiennense de Sierra Mágina que apenas llega a los 500 habitantes. A los tres años se trasladó con toda su familia al barrio de La Planada de Sabadell, justo en la década en que llegan más andaluces a la ciudad vallesana (casi 14.000 según el IDESCAT). Ha vivido toda su vida en Sabadell, primero en La Planada y actualmente y desde 1971 en el Llano de Can Puiggener, pero tiene un marcado acento andaluz. Según explica, su familia decidió emigrar a causa del gran problema de la época: "En el pueblo no tenían trabajo y no se vivía bien", dice. Llegados a este punto "un tío materno ya instalado en la ciudad nos arrastró a mis abuelos por parte de madre, mis padres y mis hermanos". Es el efecto llamada que ya hemos tratado en otras ocasiones.

Confiesa que los inicios no fueron nada fáciles. Mientras él y sus hermanos estudiaban las jornadas laborales de sus padres no tenían fin: "Mi padre trabajaba en la construcción y mi madre cosía casi las 24 horas del día en casa. Se levantaba de madrugada y se iba a dormir a las tantas de la noche", dice  con emotivo recuerdo. Recuerda también su antiguo barrio como "un lugar tranquilo de calles sin asfaltar" y que en su casa "solo habían dos habitaciones y tenía que dormir todos revueltos". Eran los primeros pasos de una familia, los Muela, a los que años después de comenzar una nueva vida la suerte les sonrió. "A mi padre le tocaron 60.000 pesetas en la lotería y las invirtió en la entrada de un piso nuevo". La nueva vivienda estaba en el Llano de Can Puiggener, barrio en el que lleva viviendo más de 40 años.


APEGO ENORME POR ANDALUCÍA 

Andrés confiesa que en su casa se vivía "al estilo andaluz" y el hecho de haber ido y vuelto mucho de su lugar de nacimiento le ha reforzado como andaluz lejos de su tierra. Entiende el catalán pero no lo habla: "Me da vergüenza, lo reconozco. Solo alguna vez dejo ir alguna expresión como què passa noi para reírnos". Y en este sentido explica que tampoco se ha sentido obligado a aprenderlo: "En La Planada y en el Llano la gran mayoría de habitantes veníamos del mismo lugar. Y en el barrio de al lado, Ca n'Oriach, había muchísimos murcianos. Todos nos entendíamos en castellano". 

Vivir al estilo andaluz le ha hecho amar con locura su tierra de origen pese a no haber vivido nunca allí. Se define a si mismo como un amante de la música flamenca (algo que han heredado sus dos hijos de 23 y 19 años) y cuando le preguntan por su lugar de origen es muy claro: "Aquello está de puta madre, no hay más". Y aunque no hable el catalán ha asimilado otras costumbres de su tierra de adopción: "Me gustan los castellers. Antes iba mucho a verlos y aunque ahora ya no vaya tanto me siguen gustando", dice. Además, se siente identificado con un elemento emblemático de su ciudad como es el Centre d'Esports Sabadell. Ha sido entrenador del fútbol base del club y sus dos hijos han pasado por las categorías formativas arlequinadas. "El club tiene muchos socios que no son catalanes y ha sido un elemento integrador para los que veníamos de fuera", explica Andrés, quien después de muchos años y por cuestiones personales no sabe "si tenerle odio o cariño".

Por una parte está el haberse criado en Cataluña. Por otra parte, el haber nacido y conocido una tierra que adora. Es por eso que no tiene claro si definirse como andaluz o catalán: "A ver, teóricamente tendría que sentirme catalán porqué es donde he vivido y porqué mi mujer y mis hijos nacieron aquí. Pero uno no puede negar las raíces y menos cuando las aprecias", acaba reflexionando. 

11 de febrero de 2014

Mutación como sinónimo de adaptación

Contaba Carles Sentís en su libro Viatge en Transmisserià la idiosincrasia de la primera gran ola migratoria que llegó a Barcelona procedente de las regiones agrícolas de España. En las páginas de su obra habló de los murcianos que se incorporaron, en su mayoría, a las obras del Metro en los años anteriores y posteriores a la Exposición Universal de 1929, aquellos que llegaban después de más de 24 horas de viaje en autobús y se iban a vivir al barrio de la Torrassa de Hospitalet. Lo relevante de estos hombres y mujeres procedentes de la tierra de la huerta era que se transformaban a su llegada y abandonaban para siempre su identidad de murcianos, pasando a ser auténticos catalanes de habla, obra y pensamiento en tiempo récord (siempre se ha dicho que los auténticos catalanistas eran los murcianos y sus descendientes). Años más tarde Paco Candel recogió esto en su obra Els altres catalans y comparó a los emigrantes de la primera ola con los de la segunda haciendo hincapié en la asimilación del idioma. No había color: los murcianos del Transmiseriano ganaban por goleada a los andaluces del Sevillano. La gran mayoría de los primeros lo aprendieron gracias al contexto social y político que les brindó la Segunda República. Los segundos, en cambio, no llegaron a hacerlo.

Pero en todo siempre hay excepciones. Después de conocer el caso de José Azañeiro hemos dado con otro que va más allá. Es la historia de María Jesús López Ballesteros, una mujer que vino a parar a Cataluña sin quererlo pero que, una vez aquí, se integró como nadie lo ha hecho. Es más: no queda rastro de Andalucía en su personalidad.

María Jesús López en el jardín de su casa (FOTO: JAIME BLANCO)



UNA SITUACIÓN DURA 

María Jesús nació el día de navidad de 1942 en Granada capital. Tras vivir en los barrios del Cerro de Maracena y del Zaidín se trasladó a Maracena, a cinco kilómetros de su ciudad natal. Su padre fue un militar que no la reconoció, dejando a su madre soltera en el momento de su nacimiento. Aquí es donde empieza la historia catalana de esta mujer: "Mi abuelo materno obligó a mi madre a buscarse la vida y fue a parar a Parets del Vallès", cuenta. Se quedó en Granada con sus abuelos hasta que fue reclamada a los siete años. Y con su madre se fue, pero volvió al poco tiempo porqué "echaba de menos a mi familia y me puse muy enferma". Así se llegó a 1956, año en que volvió a ser reclamada por su madre ya con 14 años. Otra vez se fue a Parets y, esta vez, para quedarse definitivamente. "Todo fue contra mi voluntad", cuenta. Y tan en contra de su voluntad fue que la relación con su madre fue mala.

Con esta situación María Jesús empezó su nueva vida Parets del Vallès, por entonces un pueblo de apenas 3000 habitantes. Su madre se había casado con un catalán y ella, dada la mala relación que ambas mantenían, pasó a criarse con la familia de su padrastro. "Me acogieron como una más desde el primer día y les estaré siempre agradecidos", confiesa. No fue al colegio, sino que muy pronto se metió a trabajar. Primero entró en la histórica fábrica de la Linera  y a partir de aquí pasó por más industrias, entre ellas la de la joyería, la de la lejía y, como no, la textil. "Era lo que nos tocaba a los que no estudiamos", dice. Antes de jubilarse tuvo una tienda de productos dietéticos y en la actualidad da clases de yoga en el centro de la tercera edad del Parets.


TRANSFORMADA AL AÑO DE ATERRIZAR

María Jesús tuvo que luchar para adaptarse a su nueva vida y lo consiguió pulverizando todas las expectativas. "Los primeros pasos fueron duros", comenta. "No me gustaba nada mi nueva vida. Echaba de menos a mis abuelos de Granada y también el cielo andaluz, que siempre estaba despejado a diferencia de aquí". Pero lo cierto es que solo tardó un año en cambiar. "Como la familia con la que me crié eran catalanes de habla yo asimilé la lengua al año siguiente de venirme". Y explica que las clases las recibía, sobre todo, a la hora de comer: "Nos sentábamos en la mesa y mi tío me decía que le nombrase los utensilios: la forquilla [tenedor], la cullera [cuchara], el ganivet [cuchillo]...". Hasta que un buen día le hicieron el examen final, que fue pronunciar el conocido trabalenguas de los Setze jutges. "Me dijeron que si lo decía correctamente ya podía considerarme catalana", cuenta. Cabe decir que aprendió la lengua, como no podía ser de otra manera, en un contexto muy difícil para la cultura catalana como fue el Franquismo.


Pero no hace falta que diga el trabalenguas correctamente para considerarla catalana. También se impregnó del resto de cultura, como las celebraciones. Se confiesa una amante de las sardanas y dice que "más de una vez las he bailado y me gusta vestirme de pubilla". También le gustan los correbous y una celebración de su pueblo de adopción, la Pedra del Diable. "Se celebra cada año para las fiestas patronales y es un espectáculo maravilloso, quizá el más bonito que haya visto nunca", afirma con alegría. De la cultura andaluza, en cambio, poco ha conservado: "El gusto por la copla, que a veces la canto, y poco más". Unos gustos que no ha podido pasar a las siguiente generaciones. Está casada con un catalán y tiene un hijo que, según sus propias palabras, es "catalán, independentista y del Barça".


DESEA UN ENTENDIMIENTO

Puede parecer mentira, pero a María Jesús aún le queda algo de andaluza a sus 71 años y después de mutar en términos de identidad. Confiesa que se siente "catalana", pero que quiere "a Cataluña y a Andalucía". Y es más: le gustaría que hubiera entendimiento entre ambas culturas. "Ojalá se pueda establecer un puente de diálogo entre catalanes y andaluces y que solucione todos los conflictos que todavía hoy existen", dice con actitud reflexiva. Según su experiencia personal los catalanes no hablan mal de los andaluces pero, en cambio, sí ocurre a la inversa. "Es cierto que, en Parets, a los andaluces les llamaban castellufos de manera despectiva -comenta- pero a día de hoy son un colectivo normalizado, más si cabe después de tener a un andaluz como José Montilla en la presidencia de la Generalitat". Es aquí cuando explica que en algunos viajes a Andalucía a ver a la familia han habido rencillas: "Me preguntan cómo me tienen que llamar, si María Jesús o María Yesús", dice.

Quizá el ayuntamiento de Parets debió escucharla o leerle el pensamiento hace unos meses. El consistorio, presidido por el PSC, aprobó un hermanamiento con los pueblos jiennenses de Chilluévar y Santo Tomé alegando razones de historia compartida por todos los emigrantes que llegaron a la ciudad del Vallès Oriental. Se puede interpretar como un comienzo o como un gesto de buena sintonía. 

17 de diciembre de 2013

La Barcelona emigrante (I): L'Hospitalet de Llobregat

L'Acollidora (La acogedora, en catalán), obra
del escultor Eduardo Arranz Bravo. Está situada
en la Rambla Just Oliveras, en la zona centro de
L'Hospitalet. Simboliza el carácter abierto de la
ciudad hacia los llegados de fuera
(FOTO: Chilebar)
La capital del Baix Llobregat es la segunda ciudad más grande Cataluña y la decimosexta de España. Actualmente cuenta con una población de 262.792 habitantes (datos del 2012), un número que en los últimos años se ha ido manteniendo después del brutal crecimiento que experimentó desde principios del siglo XX hasta 1981, cuando alcanza la cifra más alta de su historia (295.073 habitantes). La primera gran subida se dio en las primeras décadas, cuando pasó de tener poco más de 6.000 habitantes a tener cerca de 13.000. Después fue aumentando entre 10.000 y 30.000 personas cada 10 años.

Hospitalet fue una de las principales ciudades receptoras de emigrantes de principios del siglo XX, sobre todo llegados desde Murcia y Andalucía en aquel autobús conocido por Transmiseriano (tal y como explica Carles Sentís en su libro Viatge en Transmiserià). Según datos del ayuntamiento, los andaluces son los terceros en el ranking de población por Comunidad Autónoma de nacimiento de sus habitantes. En 1970 contaba con casi 60.000 personas (un 27 por ciento del total de la población) naturales de esta región inscritos en el padrón municipal. Con el paso de los años la cifra ha ido bajando de manera sostenida hasta que actualmente solo queda un 11 por ciento. En números redondos: la colonia andaluza de Hospitalet la conforman 28.276 habitantes. Aún así, solo los catalanes (46,5 por ciento) y los nacidos fuera de España (27,5 por ciento) están por delante. 

FUENTE: Elaboración propia

A su llegada, los andaluces se instalaban en la periferia ribereña, que por entonces no eran barrios con viviendas edificadas. Eran terrenos vacíos, campos de cultivo enteros ya que Hospitalet aún era un municipio dedicado a la agricultura. Poco a poco fueron poblando las zonas de La Torrassa, Bellvitge, Santa Eulalia, Pubilla Cases, etc. Donde más andaluces hay a día de hoy es en Bellvitge, con cerca de 4000 (un 14 por ciento del total de la colonia). Le siguen La Florida y Santa Eulàlia, con un 12 por ciento cada uno. La zona centro, el núcleo histórico de la ciudad, aloja más de 2400 nacidos en Andalucía, siendo el quinto barrio que más acoge. 

Se pueden apreciar algunas diferencias notables de población andaluza en algunos barrios. Pero lo cierto es que, si los agrupamos según los distritos a los que pertenecen, observamos una cierta homogeneidad. El siguiente demuestra que es una población muy repartida a lo largo y ancho de toda la ciudad:


FUENTE: Elaboración propia

RECONOCIDO ASOCIACIONISMO

El Baix Llobregat es el bastión más fuerte de los andaluces en Cataluña y Hospitalet, como capital de la comarca, es su puntal. Casi al mismo tiempo que llegaban y se acostumbraban su nueva vida veían la necesidad de combatir la nostalgia de haber dejado lejos su tierra de nacimiento. De esta manera fueron creándose asociaciones culturales para mantener viva la llama de sus tradiciones. Peñas flamencas, casas regionales, hermandades religiosas, cofradías de semana santa... Hasta un total de 18 entidades andaluzas recoge Francisco García Duarte en su libro El ideario de Blas Infante en Cataluña

La más conocida de todas ellas es la Cofradía Laica 15+1, que acapara las celebraciones de Semana Santa de la ciudad. Se fundó en 1977 y tiene origen, precisamente, en la nostalgia. En un bar del barrio de Pubilla Cases había 15 andaluces que observaban por la televisión una procesión en directo desde Sevilla. Algo les llevó a dibujar en una sábana una Virgen, a ponerla sobre una mesa y a pasearla por la calle en procesión. Así nació la hermandad. Posteriormente pasaron a llamarse 15+1. El uno lo añadieron en honor a Hospitalet. 

Casi cuarenta años después son una referencia de la Semana Santa catalana. La hermandad saca seis pasos comenzando el domingo de ramos con la entrada de Jesús a Jerusalen (la Borriquilla) y el Cautivo. 



Pero no solo están los 15+1 en Hospitalet como garantes de los valores andaluces en Cataluña. Hay otras entidades que también tienen peso y no son esencialmente religiosas. Así pues encontramos la Peña Flamenca Antonio Mairena, fundada en 1968 en el barrio de La Florida. Esta asociación musical ha venido celebrando festivales de cante, tertulias flamencas y clases de guitarra y baile desde su fundación hasta adquirir un notable prestigio. También hay numerosas hermandades rocieras (Pastorcillo Divino, Pastora Almonteña, Rocieros de Carmona...), que son promotoras incansables de las misas rocieras mensuales que organiza la Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Cataluña (FECAC). Y, por último, destacar a casas regionales como la Casa de Huelva, la Casa de Écija o la Casa de Baena. Todas participan activamente en la celebración del Día de Andalucía en la ciudad ribereña, los actos centrales del mismo tienen lugar en el recinto de La Farga. 



Cartel de los actos del Día de Andalucía en
Hospitalet del año 2013 (FOTO: AJUNTAMENT L'H)


13 de diciembre de 2013

Una vida entre Sevilla y Barcelona

"¿La vida en mi pueblo? Un auténtico desastre. Trabajábamos cuatro días y después íbamos al paro durante tres meses". Hay muchas maneras de justificar una emigración, pero esta es especialmente contundente porqué, de alguna manera, demuestra la situación extrema en la que se encontraban muchas personas en la Andalucía del siglo XX, rural y caciquil. Este es el testimonio de José Azañeiro De Jesús, un sevillano nacido en Villanueva del Río y Minas en 1933 y que vive en Cataluña desde 1961. Se instaló en Mollet del Vallès, una de esas localidades que crecieron brutalmente a causa del boom migratorio de los años 50 y 60. La segunda ciudad más grande del Vallès Oriental tenía 6.000 habitantes a mediados de la década de 1930 y actualmente cuenta con 52.242, un 13 por ciento de ellos de origen andaluz (datos del IDESCAT). Entre 1961 y 1970, cuando Azañeiro llegó, 4000 andaluces más desembarcaron también. 


UNA RÁPIDA INTEGRACIÓN


José Azañeiro (FOTO: JAIME BLANCO)



El árbol genealógico de José Azañeiro es el vivo reflejo de lo que se puede llamar mestizaje migratorio. Sus padres eran de orígen portugués, él nació andaluz y sus tres hijos son catalanes. Viendo sus raíces, pues, se puede intuír que no tuvo problemas para integrarse en su nueva vida. "Nunca los tuve", explica. "Yo me sentí adaptado desde el primer momento. No tardé en acostumbrarme", prosigue.

José vino a Barcelona hace 52 años, cuando tenía 28. Recuerda que el viaje lo hizo "en uno de esos dichosos trenes matahombres, de asientos de madera que te dejaban hecho polvo". Tardó un día en llegar. "Ahora te plantas en Sevilla en cinco horas con el AVE", comenta entre risas y suspiros. Él ya tenía un hermano que trabajaba y, por efecto llamada (y por su madre, que le insistió), fue a parar a un lugar "del que no conocía nada más que lo que decían en los medios de comunicación, que era que había mucho trabajo". Se enroló en la empresa Aismalibar, dedicada al cableado y a la electricidad en general. En su pueblo, cuenta, estudió en los Maristas y se dedicó a lo que pudo: "Al campo, a la construcción... No había apenas nada. La cuestión era engancharse a lo primero que salía".

Poco a poco fue asentándose en Mollet del Vallès. Se casó con una mujer, curiosamente, de su mismo pueblo que también había emigrado hacia el mismo lugar. Se hizo árbitro de fútbol y se dedicó, a la vez, a entrenar porteros en los clubes de su ciudad (él había sido portero de joven). Y, además, aprendió a hablar catalán. Cuenta que se sintió obligado por el sitio donde vivía: "Cuando llegué a Mollet era una ciudad pequeña y de campo. Había muchos andaluces ya, pero se seguía oyendo hablar más catalán. Fue ahí donde me di cuenta que me haría falta saberlo". A todo esto dice también que "es una muestra de admiración hacia Cataluña por habérmelo dado todo". 


LOCO POR LAS HABANERAS 

Cuando le pregunto por lo asimilado de la cultura catalana nos sale con que ha absorbido mucho. Confiesa que le encantan las habaneras y la música de la sardana y reconoce el "mérito" de los castellers: "No me llaman mucho la atención, pero son espectaculares, sobre todo la enxaneta". Claro que en todos estos años no se ha olvidado nunca de donde viene. Es un declarado seguidor del Real Betis y afirma que "moriré siéndolo porqué es lo más grande". También le apasiona el flamenco: "En el coche llevo una cinta de la Niña de Antequera", dice con alegría. Tanto es así que siempre que ha podido se ha escapado a ver alguna celebración andaluza por tierras catalanas. Para José es algo "muy grande" el poder celebrar, por ejemplo, la Cruz de Mayo a tantos quilómetros de distancia de su casa.

Han pasado más de cinco décadas desde que José Azañeiro salió desde Villanueva del Río y Minas hacia Mollet del Vallès en aquellos trenes matahombres. Durante muchos años siguió bajando a ver a la familia que se dejó allí, pero ahora ya hace tiempo que no va. Tampoco se ha planteado volver para quedarse a vivir allí porqué "mi vida, realmente, está aquí, que es donde tengo a mis hijos y mis nietos". Unos hijos que, pese a haber nacido en Cataluña, son "andaluces de pura cepa", según cuenta José. "El mayor y la mediana, sobre todo. Mi hija lo es al cién por cién, como lo era su madre". Todo lo contrario que su hijo pequeño, que "se mueve por otros círculos".



    

9 de diciembre de 2013

Una aventura que salió "estupenda"

La emigración andaluza hacia Barcelona responde a un hecho contundente: en Andalucía no había trabajo y, por tanto, no había calidad posible. En Cataluña, al contrario, había muchísima faena y faltaba mano de obra. Todos los que hicieron la maleta en aquellos años tenían como objetivo encontrar una vida mejor que la que habían conocido en sus pueblos de origen. Pero toda historia tiene sus particularidades, notas curiosas o anécdotas (llamadlo como queráis). Y entre aquellos hombres y mujeres venidos del sur venía un matrimonio desde Posadas (Córdoba) lanzados a la aventura.

Antonio Poley (Écija, Sevilla, 1928) se casó con María Josefa Herrera, una cordobesa nacida en La Carlota en 1930. Conocieron la dureza del campo andaluz hasta que Antonio visitó Barcelona por primera vez y decidió, con su familia, dar el paso. Lo curioso de todo es que, según confiesa, vivían bastante bien: "Nunca he estado en el paro y allí tenía trabajo. De hecho, ganaba más que aquí", dice. ¿Por qué se vinieron, entonces? "Yo estaba hecha polvo de la vida en el campo y no queríamos que nuestros hijos pasaran por lo mismo", explica María Josefa. En resumen: vinieron a la aventura y a probar fortuna a casi 1000 kilómetros de distancia.

Antonio y María Josefa atendiendo a la entrevista (FOTO: JAIME BLANCO)



SANTA COLOMA, CAN TUNIS Y BELLVITGE

En 1967, Maria Josefa y Antonio hicieron el viaje desde Posadas en una furgoneta DKV con un niño y una niña a cuestas. Aquel día nevaba y un camión volcó quedando atravesado en la carretera a la altura de Albacete, con lo que tuvieron que hacer noche en un restaurante. Llegaron a su destino más de 24 horas más tarde de la hora de salida. Lo recuerdan como si fuera ayer.

El matrimonio Poley Herrera ha vivido en tres lugares distintos desde que emigró. Su primera residencia fue un piso en la calle Camprodón (barrio de Santa Rosa) de Santa Coloma de Gramanet. María Josefa recuerda entonces que "vivíamos dos familias juntas, unas 10 personas en total" y que "tenía agua y luz", por lo que "no estuvimos nada mal". Allí vivieron un año y después se mudaron a la barriada de Can Tunis, en Barcelona, un lugar que siempre ha tenido muy mala fama por asuntos de drogas y delincuencia. "Vivíamos gente trabajadora y muchos andaluces, como en Santa Coloma", recuerda María Josefa. "Allí estuvimos en una de las llamadas Casas Baratas con unos familiares y luego nos mudamos a otra nosotros solos", prosigue Antonio.

Pero Can Tunis no fue el destino definitivo. Una vez se decidió derribar las Casas Baratas la opción era irse a La Mina, en Sant Adrià de Besós. Sin embargo, surgió una alternativa: Hospitalet de Llobregat. Por aquellos tiempos el Ministerio de la Vivienda franquista estaba construyendo bloques de pisos en la zona de Bellvitge y hacia allí fueron. A día de hoy, 40 años después, siguen viviendo en un piso cercano a la Travessera Industrial. Antonio hace memoria: "Cuando llegamos el barrio ya tenía forma. Recuerdo que había campos de pequeños agricultores donde ahora está la estación de tren". Desde hace cuatro décadas Antonio y María Josefa son parte de los casi 4000 andaluces que residen en Bellvitge, el barrio hospitalense con más habitantes nacidos en esta región de España según datos del propio ayuntamiento.

Una imagen de Bellvitge en los años 70 (FOTO: ASOCIACIÓN DE VECINOS DE
BELLVITGE)



AGRADECIDOS Y FIELES 

Cuando se les pregunta por su adaptación a Cataluña tienen palabras de agradecimiento para los catalanes que los recibieron. "Nunca sentimos rechazo ni nada parecido", dice María Josefa con firmeza. "Nos ayudaron muchísimo en todo lo que pudieron", añade después. Confiesan que no aprendieron el catalán "porqué no nos sentimos obligados" ya que "había casi más andaluces y murcianos que catalanes" allí donde han vivido. Tampoco en el trabajo, tal como cuenta Antonio: "Yo transportaba petróleo a las casas y socializaba con todo tipo de gente. Con el castellano ya nos entendíamos". 

El tiempo lejos de su tierra natal ha terminado pesando tanto en Antonio como en María Josefa. Ambos dicen que ya no volverían a Posadas porqué "aquí están nuestros hijos y nuestros nietos, lo más grande que podemos tener". Eso sí: sus raíces siguen intactas. Antonio, por ejemplo, se confiesa "andaluz ante todo" y se justifica diciendo, entre bromas, que lo es porqué habla muy bien el idioma de su tierra. Su mujer, aunque se confiesa "más andaluza que catalana" no acaba de tenerlo claro: "Yo vengo de allí, pero mis hijos se han criado aquí. Es lo que hace que no me decante". Desde que emigraron han bajado al pueblo con frecuencia, aunque cada vez van menos (hace tres años desde la última vez que lo hicieron). Y han asistido a alguna celebración de su tierra en Cataluña mientras han podido. El día de Andalucía en La Farga, fiestas en la Casa de Huelva de Hospitalet o la Feria de Sevilla en Barberà del Vallès son algunas muestras.

Casi cincuenta años desde aquella odisea en furgoneta se sienten satisfechos de lo conseguido. "Vinimos a la aventura y nos salió estupenda", concluye Antonio. Y remata diciendo que ahora "estamos muy a gusto, siempre lo hemos estado. Los andaluces nos encontramos normalizados a día de hoy y creo, incluso, que lo estábamos hace 40 o 50 años". 

Vista aérea de Bellvitge en la actualidad (FOTO: XTEC.CAT)


4 de diciembre de 2013

Presentación

Buenas a todos,

Hoy pongo en marcha este blog que servirá para promocionar mi trabajo final de carrera Comunidad de Andalucía, provincia de Barcelona. Se trata de un estudio sobre la influencia de la emigración andaluza de los años 50 y 60 que llegaron tanto a la ciudad condal como a aquellos municipios que a día de hoy tienen entre sus habitantes nutridas representaciones de Andalucía. Es un proyecto con una carga personal y emotiva muy grande, pues yo soy hijo de dos emigrantes jiennenses de los años 90 y me he criado en un ambiente puramente andaluz. Ya no solo por lo que he vivo en mi casa, sino también en mi barrio y en mi vida diaria.

El trabajo pretende estudiar la influencia desde varios puntos de vista. Se pretende ver cómo se han transformado los territorios que han poblado desde su llegada, cómo se integraron los emigrantes en la sociedad catalana, qué influencia han tenido en la sociedad (participación ciudadana, política, deporte, demografía...), el arraigo de las celebraciones culturales andaluzas en Barcelona y la posterior influencia en los descendientes de estos emigrantes y en la población autóctona catalana. Para ello hacen falta muchas entrevistas, observaciones, reportajes, búsqueda de datos... Vaya, lo que se conoce por trabajo de campo.

Hacia los meses de mayo-junio tendrá que estar acabado y listo para ser defendido en la Universitat de Vic. Me lo tutoriza Josep Burgaya, reconocido profesor de Historia del centro. Espero contar con vuestra ayuda si la necesitara porqué seréis importantes para su elaboración. Para cualquier cosa me podéis escribir a la dirección jaimebl92@gmail.com.

Salud y a currar :)